El Castillo de Barbazul en la Capilla Gótica. (Crítica)

Fotografías: Luis Amaro.

Crítica que aparece en la revista Proceso: http://hemeroteca.proceso.com.mx/?page_id=278958&a51dc26366d99bb5fa29cea4747565fec=416418

Por Mauricio Rábago Palafox

 

Así como la leyenda rumana de Drácula está basada en un oscuro personaje histórico Vlad III del siglo XV, el personaje de la leyenda de Barbazul está basado en el Barón Guilles de Rais también del siglo XV, asesino serial francés que luchó al lado de Juana de Arco durante la guerra de los cien años. Ambos poseían castillos con horribles mazmorras y cámaras de tortura. La leyenda de Barbazul fue recopilada, adaptada e incluida en la colección ¨Mamá la Oca¨ por Charles Perrault (1628-1703). Béla Bartok (1881 – 1945) compositor húngaro junto con su libretista Béla Balázs (1884 – 1949) tomaron el cuento de Barbazul y lo llevaron a gran altura artística elaborando una ópera memorable en un acto y de breve duración: poco más de una hora, sin coros, ni ballet, ni otros personajes; es de hecho una ópera de cámara excepto por la orquesta sinfónica que la acompaña. Un relato vertiginoso de máxima tensión dramática que pone a prueba la capacidad actoral y canora de los dos protagonistas Barbazul (bajo – barítono) y Judith (soprano), su esposa. Además de la complicada música de Bartok, los intérpretes deben solucionar el nada fácil desafío de cantar en húngaro, uno de los idiomas más difíciles emparentado con el finés asiático.

La compañía Ópera Anónima, comandada por la joven Dhyana Arom se dio a la tarea de montar esta oba en versión piano y canto en la Capilla Gótica del Instituto Helénico y el resultado fue de lo más afortunado. Dirección escénica y producción de Yoali Daniela Serrano. Escenografía e iluminación de Aldo Sázen y Chlöe Morichau, con Enrique Ángeles como Barbazul y Dhyana Arom como Judith, dirección musical y pianista el maestro Alejandro Miyaki. Ashari Martínez en las percusiones. Dificilísima la parte de piano, se trata de una reducción orquestal seguramente no de Bartok, se nota por lo intocable de algunos pasajes. Bartok, experto pianista, no hubiera hecho una reducción inejecutable a ratos. Notablemente bien tocada por el joven maestro Miyaki.

Dhyana Arom posee una bellísima y asombrosa voz de soprano dramática que maneja con notable habilidad, eso aunado a sus notables habilidades escénicas y a su hermosa apariencia, la convierten a sus 23 años no en una promesa sino en una gozosa realidad de la nueva generación lírica mexicana. Ya ha cantado obras de gran calado como Tosca, Butterfly y ahora este tour de force que constituye El castillo de Barbazul. Decidí hacer esta obra de Bartók, (nos comenta Dhyana Arom) porque retrata de una manera poco usual las relaciones humanas, sin idealizarlas, las presenta de forma realista, además es una obra muy profunda que se sumerge en lo más recóndito de la psique humana de los personajes, los intérpretes y de los espectadores e invita a reflexionar sobre el autoconocimiento. Los personajes se transforman conforme avanza la obra, no dejan de estar en el escenario desde el inicio hasta el final de la obra, el mayor peso dramático recae en la soprano. Sobre la partitura la soprano comenta: La música de Bartók es muy compleja, sobre todo rítmicamente. Es el vehículo perfecto para esta historia llena de crudeza y violencia, pues aún en los pasajes más tranquilos de suavidad aparente, hay una base rítmica que hace que siempre se sientan el rigor y fuerza latentes. Es de mis obras favoritas, pocas como ésta, su mensaje me toca muy profundo, me lleva a obscuras regiones del alma y del inconsciente, por lo que es importante en este viaje siempre tener el boleto de regreso. Es pura magia lo que nos dejaron Bartók y Balázs.

Enrique Ángeles posee una de las voces baritonales más bellas e interesantes que han aparecido en los últimos tiempos además de musicalidad y presencia escénica. Nos comenta: No pensé que Barbazul sería un reto tan grande. Es una ópera de una riqueza bárbara, cuya música empalma perfectamente con las necesidades histriónicas de los personajes: de tonos oscuros muy efectistas pero también con frases que invitan a melodias exóticas, bellísimas, algo fuera de lo tradicional. El principal reto: el húngaro, idioma muy complejo. Además, al realizar una versión cameristica, sin la ayuda de la batuta, aumenta la complejidad de la obra. El embajador húngaro el Sr. Iván Medveczky manifestó su entusiasmo sobre todo por la impecable fonética de su idioma. Agradezco a Ópera Anónima por la audacia de abordar dicho título e invitarme a formar parte de él.

Excelentes notas al programa realizadas por el maestro Sergio Berlioz.